Ruta 1
A ambos lados de los Pirineos
Día 1 - Llegada a Pamplona
Primera inmersión en el corazón de Navarra
El circuito comienza en Pamplona, una ciudad vibrante y llena de historia que te conquistará. Pasea por las callejuelas de su casco antiguo, empápate del ambiente acogedor de las plazas y déjate seducir por un destino que cultiva tanto su historia como su tradición culinaria. Esta primera etapa marca el tono del viaje entre Navarra, el País Vasco francés y el Béarn.
Lo que no te puedes perder
Tómate tu tiempo para recorrer el casco antiguo, el auténtico corazón de Pamplona. Tras sus murallas se esconden callejuelas medievales, plazas llenas de vida y los lugares emblemáticos de las famosas fiestas de San Fermín. A continuación, entra en la catedral de Santa María, un edificio gótico cuyo claustro figura entre los más bellos de España, antes de visitar su museo, que recorre varios siglos de historia navarra.
A la hora del aperitivo, déjate llevar de bar en bar para degustar los famosos pintxos, todo un ritual navarro. El sabor que sorprende, la calidad de los productos locales y la innovación culinaria concentrados en un bocado han forjado la reputación gastronómica de la ciudad, porque un pintxo navarro es mucho más que una tapa: es la alianza perfecta entre arraigo e imaginación. Los locales tradicionales conviven hoy en día con restaurantes originales, ofreciendo una magnífica muestra de la cocina navarra. Después, continúa la velada en uno de los numerosos restaurantes del centro de la ciudad.
¿Donde alojárse?
Pamplona ofrece numerosas opciones para completar tu experiencia.
Los hoteles del centro permiten disfrutar al máximo del ambiente de la ciudad.Si prefieres una escapada más tranquila a las afueras de la ciudad, elige el Castillo de Gorraiz Hotel & Spa, el Hotel Luze El Toro, el Agroturismo Mari Cruz o las sorprendentes Basoa Suites, cuyas cabañas en las copas de los árboles te invitan a pasar una noche en plena naturaleza.
Nuestra selección gastronómica
En Pamplona, la gastronomía se disfruta en un ambiente acogedor, entre barras y locales con encanto. Los pintxos compiten en creatividad, mientras que las recetas tradicionales dan protagonismo a los mejores productos de la tierra navarra.
Ya sea que busques un lugar agradable donde hacer una parada, locales históricos o una comida más gastronómica, tienes donde elegir.
A solo unos kilómetros, el campo también te reserva agradables sorpresas. La Bodega Otazu, una elegante finca vinícola del siglo XIX, combina el enoturismo, la arquitectura y el arte contemporáneo en un entorno extraordinario. En Izu, la Casa Amezqueta promueve los productos locales tales como aceites, embutidos y quesos artesanales.
Los amantes de la alta gastronomía podrán hacer una parada en el restaurante El Molino de Urdániz, un establecimiento con dos estrellas Michelin cuya cocina creativa realza los productos de temporada. Por último, no dejes de visitar el café de Fika, un ambiente tranquilo y agradable en pleno centro de la ciudad donde podrás disfrutar de cafés de especialidad y una tentadora variedad de bizcochos caseros.
Día 2 - Valle de Ultzama
Entre naturaleza y sabores: el arte de vivir navarro
Después del bullicio de Pamplona, toma la carretera hacia el valle de Ultzama, que se encuentra a unos treinta kilómetros. Aquí, el paisaje se cubre de prados, hayedos y robledales centenarios donde los pueblos parecen vivir al ritmo de las estaciones. Esta escapada al corazón de la campiña navarra invita a ralentizar el ritmo, a reconectar con la naturaleza y a degustar los productos de una tierra generosa.
Lo que no te puedes perder
Empieza el día en la Granja-escuela de Ultzama, donde grandes y pequeños comparten el día a día de los ganaderos y conviven con los animales de la granja mientras aprenden sobre la elaboración tradicional de productos lácteos. Continúa con un paseo por el robledal de Orgi, uno de los últimos bosques húmedos de Navarra, cuyos senderos accesibles serpentean bajo árboles centenarios. Los amantes del golf podrán prolongar esta inmersión en plena naturaleza en el campo de 18 hoyos de Ultzama, perfectamente integrado en los paisajes ondulados del valle.
Los sabores de Ultzama
En este valle agrícola, la gastronomía refleja toda la riqueza del territorio navarro. Quesos artesanales, carnes de calidad y productos de temporada conforman una cocina auténtica que da protagonismo a los productores locales. En el hotel El Mirador de Ultzama, el restaurante Thius Navarra realza estos sabores regionales en un entorno privilegiado, abierto a los paisajes verdes que conforman todo el encanto del valle.
Día 3 - Valle de Baztan y Urdax
Tras las huellas de las leyendas navarras
El viaje continúa hacia uno de los valles más fascinantes de Navarra. Entre montañas verdes, palacios señoriales y pueblos que conservan su encanto, el Baztan ofrece un universo en el que la historia se entremezcla con las leyendas, entre tradiciones ancestrales, creencias populares y un patrimonio extraordinario.
Lo que no te puedes perder
Tu recorrido comienza en Elizondo, la capital del valle, famosa por sus elegantes mansiones nobiliarias, sus puentes de piedra y su ambiente tranquilo.
A continuación, dirígete a Arizkun, un lugar ideal para conocer la historia de los Agotes, esa misteriosa comunidad que durante mucho tiempo estuvo al margen de la sociedad navarra. Sigue hasta Amaiur, uno de los pueblos más emblemáticos del valle. Un agradable paseo te llevará al monte Gaztelu, donde los restos del castillo recuerdan los últimos episodios de la independencia del reino de Navarra.
La ruta continúa hacia Zugarramurdi, famoso por sus cuevas ligadas a los juicios por brujería del siglo XVII. Y si las cuevas te interesan, basta con seguir el sendero a pie y llegarás a la fascinante cueva de Ikaburu.
Por último, no dejes de visitar el monasterio de Urdax. Situado en uno de los caminos de Santiago de Compostela, alberga un notable claustro, un antiguo molino, un museo y una rica colección de obras de arte.
Los sabores del Baztan
El Baztan ofrece una gastronomía generosa, profundamente arraigada en las tradiciones de montaña. Quesos de oveja, embutidos artesanales, cordero al chilindrón, pimientos rellenos o verduras de la huerta conforman una mesa tan auténtica como acogedora.
En Elizondo, los bares y posadas perpetúan esta tradición en torno a una cocina casera acompañada de pintxos, especialidades locales y los famosos quesos de Idiazabal.
Una visita guiada al Molino de Amaiur y una degustación de talos (deliciosas tortas de harina de maíz con rellenos dulces o salados) te llevarán a un viaje en el tiempo para conocer de cerca las tradiciones del valle.
Día 4 - Ainhoa, Espelette y Sare
El encanto del País Vasco francés
Al cruzar la frontera, los paisajes cambian sutilmente, pero la identidad vasca permanece intacta. Pueblos con casas blancas y rojas y colinas verdes dan forma a una jornada auténtica, entre patrimonio, gastronomía y el arte del buen vivir.
Lo que no te puedes perder
Empieza tu recorrido en Ainhoa, uno de los «Pueblos más bonitos de Francia». Su única calle, flanqueada por casas de estilo vasco perfectamente alineadas, narra varios siglos de historia. La visita a la Maison du Patrimoine te sumerge en el territorio de Xareta gracias a una experiencia inmersiva que combina relatos, paisajes y leyendas locales.
Continúa hacia Espelette, cuyas fachadas se adornan con largas guirnaldas de pimientos rojos. Los miércoles, disfruta de su mercado tradicional, que existe desde el siglo XVII, antes de degustar el famoso pimiento de Espelette, auténtico emblema de la gastronomía vasca.
Si el tiempo lo permite, no dejes de visitar Sare, clasificado también entre los «Pueblos más bonitos de Francia», para completar esta inmersión en el corazón del Labort.
Nuestra selección gastronómica
Desde hace más de ciento cincuenta años, el restaurante Euzkadi es toda una institución en Espelette. En un ambiente familiar, transmitido durante varias generaciones, cobran vida las grandes recetas del País Vasco: axoa, piperrada, guisos de carne y postres tradicionales, siempre elaborados con productos locales y una gran maestría culinaria.
Día 5 - San Juan de Luz y Biarritz
Entre la montaña y el océano
Esta jornada ofrece uno de los paisajes más bellos del País Vasco francés, entre las cumbres de los Pirineos y las costas del Atlántico. Desde las vistas panorámicas de La Rhune hasta las elegantes fachadas de Biarritz, pasando por el encanto atemporal de San Juan de Luz, cada etapa revela una identidad propia, forjada por el mar, la montaña y las tradiciones vascas.
Lo que no te puedes perder
Comienza tomando al famoso tren cremallera de La Rhune. A medida que asciende lentamente por las laderas de la emblemática montaña del País Vasco, los paisajes se van abriendo progresivamente hacia los Pirineos, los valles verdes y el golfo de Vizcaya.
A continuación, la ruta desciende hacia San Juan de Luz, antiguo puerto pesquero convertido en uno de los balnearios más apreciados de la costa vasca. Pasea por sus animadas callejuelas antes de visitar la iglesia de San Juan Bautista, famosa por su excepcional retablo de madera dorada y por haber acogido la boda de Luis XIV. A pocos pasos de allí, Les Halles, el mercado local, revela toda la riqueza de los productos típicos en un ambiente agradable. Descubre Les Halles en una visita guiada y gastronómica con la Oficina de Turismo.
La tarde continúa en Biarritz, que también cuenta con sus Halles. Antiguo pueblo de pescadores convertido en balneario imperial bajo el reinado de Napoleón III, la ciudad aúna elegancia y buen vivir. Pasea desde el Port-Vieux hasta las callejuelas de la calle Mazagran, admira las villas de la Belle Époque y déjate llevar por la atmósfera única que reina frente a las olas del Atlántico.
La cita gastronómica
Aprovecha este día para degustar algunos de sus grandes clásicos: el queso Ossau-Iraty, el jamón de Bayona, la piperrada, los vinos de Irouléguy o la sidra vasca, entre otras tantas especialidades que reflejan la riqueza gastronómica de esta región.
Día 6 - Bayona
Entre patrimonio, sabores y tradiciones vascas
Visita Bayona, capital histórica del País Vasco francés. Atravesada por los ríos Nive y Adour, la ciudad seduce tanto por su rico patrimonio como por su estilo de vida. Tras sus murallas, las callejuelas comerciales, las casas con entramado de madera y las terrazas llenas de ambiente invitan a tomarse el tiempo para saborear la estancia.
Lo que no te puedes perder
Empieza por la catedral de Sainte-Marie, un notable edificio gótico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de los Caminos de Santiago de Compostela. Continúa hacia el Château-Vieux y el ayuntamiento antes de recorrer las calles del Grand Bayonne, el casco histórico donde las tiendas, los talleres y las fachadas de colores reflejan la identidad vasca.
A continuación, haz una parada en Les Halles, auténtico corazón gastronómico de la ciudad. Entre los puestos de los productores y las especialidades locales, el ambiente es tan acogedor como aromático. Por último, disfruta de un momento de relax a lo largo de los muelles del Nive o del Adour para apreciar la tranquilidad de la vida bayonesa.
Los sabores de Bayona
Ciudad de tradición gastronómica, Bayona es indisociable de su famoso jamón, elaborado según una tradición que se remonta a varios siglos. La tarta vasca, el chocolate de un taller especializado como el Atelier du Chocolat, las especialidades artesanales y los productos agrícolas completan esta parada en la que cada establecimiento perpetúa un legado culinario profundamente arraigado.
Día 7 - Salies-de-Béarn, Navarrenx y Oloron-Sainte-Marie
La elegancia del Béarn
Al salir del País Vasco, los paisajes se atenúan para dar paso a las colinas del Béarn. Pueblos fortificados, casas antiguas y valles apacibles conforman una etapa marcada por el patrimonio y el buen vivir, en una región donde la historia y la naturaleza dialogan constantemente.
Lo que no te puedes perder
El día comienza en Salies-de-Béarn, ciudad construida en torno a su famoso manantial de agua salada. Recorre sus pintorescas callejuelas flanqueadas por casas medievales, admira las fachadas con entramado de madera y déjate llevar por la historia del «oro blanco», que hizo prosperar a la ciudad durante siglos.
A continuación, dirígete a Navarrenx, la primera ciudad fortificada de Francia. Protegida por sus imponentes murallas del siglo XVI, esta antigua fortaleza ofrece magníficas vistas panorámicas de los Pirineos y figura entre los «Pueblos más bellos de Francia».
La ruta termina en Oloron-Sainte-Marie, ciudad de arte e historia dominada por su catedral de Sainte-Marie. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de los Caminos de Santiago de Compostela, es testimonio del rico pasado religioso y arquitectónico del Béarn.
Pausa gastronómica
Antes de retomar la ruta, déjate seducir por algunas delicias locales: los macarrones bearneses, el chocolate de la fábrica Lindt & Sprüngli y la repostería artesanal, como el excelente «Russe», una receta secreta de la pâtisserie Artigarrède, que son el acompañamiento perfecto para esta escapada al corazón del Béarn.
Día 8 - Jurançon y Pau
Entre viñedos, patrimonio y vistas sublimes
En este último día de descubrimiento, las soleadas laderas de Jurançon dan paso a la elegancia de Pau. Entre viñedos de renombre, patrimonio real y vistas impresionantes de los Pirineos, esta etapa reúne algunos de los paisajes más bellos del suroeste.
Lo que no te puedes perder
Conoce a los viticultores de Jurançon gracias a una experiencia original que combina investigación, cata y descubrimiento de los viñedos: «Soupçons à Jurançon». A lo largo de las colinas, las bodegas abren sus puertas para contar la historia de este vino emblemático, elaborado desde hace siglos en las laderas que dominan Pau.
La tarde está dedicada a la capital bearnesa. Pasea por el bulevar de los Pirineos, un inmenso balcón abierto a la cordillera, antes de dirigirte al castillo de Pau. Aquí nació Enrique IV en 1553, en una de las residencias reales francesas más prestigiosas, hoy convertida en museo nacional.
Día 9 - Pau
Últimos momentos antes del regreso
Todas las grandes aventuras llegan a su fin. En Pau, los últimos momentos transcurren en un ambiente tranquilo, entre elegantes fachadas, jardines y vistas panorámicas de los Pirineos. Dependiendo de la hora de tu salida, aprovecha unos momentos más para pasear por el centro histórico o simplemente admirar por última vez las montañas que te han acompañado durante estos días de viaje.
Finalemente, dirígete al aeropuerto, situado a unos veinte minutos del centro de la ciudad, llevándote contigo los recuerdos de un itinerario en el que el patrimonio, la gastronomía y los paisajes excepcionales se han sucedido armoniosamente.






